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  • ¿Cómo debe ser el cuidado de los pies diabéticos?

    Para las personas diabéticas es esencial cuidar diariamente los pies, inspeccionándolos para vigilar si aparecen heridas, rozaduras, ampollas o grietas. ¿Cómo debe ser el cuidado de los pies diabéticos? 

    Las complicaciones en el pie del paciente diabético son la primera causa de amputación no traumática y provocan una alta tasa de hospitalización, más del 25 % de los ingresos hospitalarios de los diabéticos están relacionados con problemas en sus pies. De ahí que le prestemos mucha atención al cuidado de los pies diabéticos, además de llevar un buen control del nivel de glucosa en sangre (glicemia) que es el pilar fundamental para prevenir o retrasar aquellas complicaciones inherentes de la diabetes.

    En los pacientes diabéticos el flujo sanguíneo de los pies suele ser débil debido a las alteraciones vasculares provocadas por la enfermedad. Los tejidos del pie con disminución de riego tienen menos resistencia, menos capacidad de curación y más posibilidad de contraer una infección.

    Esta situación provoca que sea una zona altamente susceptible de presentar heridas que precisan de un largo periodo para curar e, incluso, que puedan acabar en amputación. Los datos epidemiológicos ponen de manifiesto que, aproximadamente el 70% de las amputaciones de extremidades inferiores en todo el mundo están relacionadas con la diabetes.

    Además, la piel de la zona por la falta de riego suele presentarse extremadamente reseca y quebrarse debido a que la neuropatía puede impedir la sudoración.

    La inspección visual del pie, de forma habitual, es fundamental ya que asociado a la neuropatía pueden existir heridas y no notar el dolor. Hay que buscar puntos enrojecidos, roces, zonas de inflamación o llagas, ayudados por un espejo.

    Es recomendable tener una rutina diaria en un horario concreto, por ejemplo, después de cada baño. La higiene diaria debe realizarse con agua tibia, un secado meticuloso sobre todo de las zonas interdigitales y una correcta hidratación. Después del baño, cuando la piel está suave, hay que aprovechar para limar asperezas con una piedra pómez evitando aquellos productos con componentes químicos para eliminar callosidades. Si estas zonas son amplias, es mejor dejarlo en manos de un podólogo.

    Un aspecto fundamental, tanto para las personas diabéticas como para el resto, es el correcto recorte de las uñas de los pies. Semanalmente y después de la higiene, hay que cortar de forma recta las uñas sin desgarrar los uñeros ni las uñas encarnadas, sin cortar las esquinas ni alcanzar la médula de la uña. Si las uñas son engrosadas o amarillentas es recomendable la consulta al podólogo.

    También hay que evitar daños térmicos producidos por el uso de botellas de agua caliente o almohadillas de calor en los pies.

    Es mejor usar calcetines por la noche si se enfrían los pies. En las épocas de frío se recomienda utilizar un calzado forrado para ayudar a mantener los pies calientes, aunque si se ha expuesto a bajas temperaturas es mejor asegurarse de que los pies no han sufrido daños por congelación. Es importante no entorpecer la circulación sanguínea.

    Acciones como cruzar las piernas, usar medias muy apretadas, ligas o prendas muy prietas son algunos de los hábitos que hay que desterrar. 

    En cambio, el ejercicio físico favorece el flujo sanguíneo. Caminar, nadar y montar en bicicleta son los deportes más recomendados, evitando en la medida de lo posible aquellos en los que se ejerza impacto en los pies, como correr o saltar.

     

    Fuente: Consumer