• DESDE 1935

  • Facebook Twitter Google Plus Blog
  • Especialistas en Cirugía Ambulatoria del Pie mediante Técnicas de Última Generación


  • podología infantil: cuándo llevar a tu hijo al podólogo
  • Llámanos

    91 367 00 71

  • Podología infantil: cuándo llevar a tu hijo al podólogo

    Con bastante frecuencia, algunos pacientes que vienen a la consulta, suelen hablar y preguntar sobre alguna anomalía o patología que han observado en los pies de sus hijos o que, directamente, les parece que le pueda perjudicar de cara a un futuro. Por estas cuestiones, en cuanto a lo que se refiere en podología infantil, ¿cuándo llevar a tu hijo al podólogo?

    ¿Sabí­as que hasta los tres años un bebé no deberí­a usar ningún tipo de calzado? Los zapatos para niños solo sirven para proteger sus pies del frí­o.

    Si tenemos en cuenta que un 10% de las visitas al podólogo infantil tienen como protagonistas a los niños y que un 70% de la población adulta tiene problemas en los pies, podemos decir que la podologí­a infantil gana todaví­a más importancia como forma de prevenir futuras patologí­as y enfermedades del pie. De hecho, de los cuidados que le demos a nuestros pies desde pequeños y de su corrección mediante el uso de plantillas infantiles, dependerá nuestra salud podológica en la edad adulta.

    También debemos destacar que, desde que nacemos hasta los 4 años de edad aproximadamente es normal tener un pie plano, esto es debido a la elasticidad propia de los componentes del pie en esta etapa de desarrollo corrigiéndose de forma espontánea.

    Es precisamente, en estos momentos, a partir de los 4 años de edad, el momento adecuado para que hagan una revisión en consulta en donde se realizarán una serie de sencillas pruebas que determinen el correcto desarrollo del pie o de lo contrario actuar para tratar cualquier alteración detectada.

    Es a los 9 años cuando se considera que el pie está totalmente formado, no obstante, su crecimiento continúa mucho tiempo después hasta los 20 años de edad aproximadamente. Lógicamente, cuanto antes se detecten problemas estructurales, mejor pronóstico ofrecen los tratamientos, en la mayoría de casos conservadores, pudiendo incluso evitar tratamientos agresivos.